Diario de un ombligo

 

Yo, mi, me, conmigo…..

No sé desde cuándo ocurre, pero este último año seguro.

Yo, mi, me, conmigo. Una y otra vez. Yo, mi, me, conmigo.

Es como si mi propia realidad me tuviera abducida. Todo gira en torno a mi nueva situación. Me he secuestrado a mí misma.

Mis necesidades, mis problemas, mis dolores, mis citas médicas, mis pinchazos, mis tristezas, mi comida, mis cambios, mis piernas, mi cansancio, mis medicamentos, mis terapias, mi rehabilitación.

Yo, mi, me, conmigo. Una y otra vez. Yo, mi, me, conmigo.

De pronto, me veo absorta con mi ombligo, como si éste fuera el centro del universo. Todo lo demás orbita alrededor de él.

No es propio de mí. ¿Me pediré a mí misma un rescate para que me devuelva?

Quiero salir de este círculo en el que todo gira en el mismo sentido, rodeando mi obligo y metiéndolo en una urna de cristal para protegerlo y admirarlo.

Estoy tan sobrepasada por el cúmulo de cambios, que se me ha olvidado levantar la cabeza para mirar tu cara, o la suya, o la mía misma. Sólo miro mi ombligo.

Cada día observo su estado, su forma, si hay cambios, si tiene algún lunar nuevo o está más arrugado.

Los ombligos ajenos no. Ellos ya son admirados por los que sacan brillo al suyo propio para lucirlo.

Pero las caras de las personas, los rostros, las expresiones, las sonrisas, las lágrimas, a todas ellas sí les debo mi atención.

Y se me olvida. Se me olvida hacerlo, mirando mi ombligo.

Yo, mi, me, conmigo. Una y otra vez. Yo, mi, me, conmigo.

No puedo seguir esperando la llamada. Voy en busca de mi rostro y mi alma. El ombligo que se quede dónde está.

Quiero cortar el cordón umbilical. Y que mi ombligo sea sólo una marca natural de nacimiento, donde lucir el piercing.

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