¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

 

¿Qué fue primero, la mente espartana e inflexible o la EM?

¿Qué fue primero, las cicatrices rígidas o la rudeza de carácter?

¿Qué fue primero, el exceso de responsabilidades y cargas, o los dolores de cuello y espalda?

¿Qué fue primero, el querer alejarse y no poder, o la dificultad en las piernas para desplazarse?

¿Qué fue primero, la autoexigencia con una misma o desarrollar una autoinmune?

¿Qué fue primero, la necesidad de controlar todo o que tu cuerpo se rebele y no lo puedas controlar?

¿Qué fue primero, la dificultad para ver y aceptar una situación o el brote de neuritis óptica?

¿Qué fue primero, estar agotada de padecer tantos síntomas o la lasitud crónica?

¿Qué fue primero, el ir acostumbrándose al malestar o los trastornos de la sensibilidad que hacen que NO se sienta?

¿Qué fue primero, el miedo o la armadura de protección?

¿Qué fue primero, tragarse todos los problemas y no hablarlos, o los trastornos digestivos y de peso?

¿Qué fue primero, el callarse lo que una piensa o los dolores de garganta?

¿Qué fue primero, el estar llena de emociones mal gestionadas o que se formen abscesos para expulsar toxinas?

¿Qué fue primero, la dificultad para ceder ante las situaciones o los dolores de rodillas?

¿Qué fue primero, la rinitis alérgica o que una persona/situación te resulte incómoda y te produzca rechazo?

Sé que mi mente rígida, que quiere controlar todas las situaciones, que no se permite ni un fallo, que quiere hacerlo todo a la perfección, a la que le cuesta ser flexible y dúctil, sé que esa mente tiene placas rígidas en forma de cicatrices.

Sé que las lealtades silenciadas e inconscientes, me han llevado a quedarme fijada, parada, estática, en un lugar o situación.

Sé que mi propio cuerpo, con su autosabotaje continuo, ahora se enfrenta a una enfermedad autoinmune.

Sé que esa manera de querer hacer todo bien y querer hacerlo sin ayuda, me ha llevado a que mi cuello y espalda siempre se estén quejando.

Sé que “para mi tranquilidad”, me gusta saber con antelación a dónde vamos a ir, con quién, en qué medio de transporte, qué haremos, qué se va a comprar, cuándo, qué fecha hay que hacer esto o lo otro, cuándo preparo la comida…. Necesito tenerlo todo controlado. Pues bien, mi cuerpo no sigue esta premisa y hace a su antojo lo que quiere y cuando quiere. Nada planificado con antelación. Porque él no responde como una desea o necesita.

Sé que voy aguantando situaciones, que trato de no darle importancia a aquello que ocurrió, que soy hipersensible y TODO me afecta sobremanera. También sé que se me llena cada cierto tiempo un absceso, para expulsar toda la basura que me daña.

Sé que me duelen muchísimo las rodillas, sé que me cuesta doblegarme y aceptar determinadas historias que ocurren en mi vida.

Sé que cada mañana, cuando cambio de temperatura al salir de la cama, me asalta la fiebre de heno. Sé que estoy emocionalmente congestionada, hay culpa, hay dolor, hay miedo.

Sé tanto y no sé nada.

Sigo sin saber qué fue primero, el huevo o la gallina.

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