Una maleta esclerótica

 

Vamos a jugar al mundo al revés, María.

Imaginemos que te vas de viaje, que vas a tener unos días de desconexión, que vas a poder salir de ésta, tu realidad, que lleva tiempo robándote la sonrisa. Sueña también que vas en la mejor de las compañías…. Imagina, imagina.

Sigue pensando. Los planes que te cuentan son divertidos, nuevos lugares por visitar, con olores diferentes, experiencias nunca vividas….

La fantasía continúa: un hotel con todas las comodidades que imagines. Una piscina de ensueño.

Garantizada la buena temperatura, placeres para el paladar, paisajes inolvidables.

Asegurado, además, que si surge algún contratiempo, vas a tener quien sepa ayudarte a resolverlo.

¿Qué dirías si te invito a que hagas realidad ese sueño, María?

Dualidad que me invade.

Una voz me susurra,

– ¡Qué bien, te va a sentar genial! Llevas un año muy duro y necesitas volver a sentir algo de paz, sosiego y bienestar ¡Vamos allá!

De pronto otra voz, me grita,

– ¡ ESTÁS LOCA!, con lo mal que estás, con la debilidad de las piernas, con el recién brote que acaba de darte….. INSENSATA. Deberías pensar lo que estás haciendo. Lo más prudente y seguro es que te quedes en casa, protegida, sin peligro……

Y sigue murmurando,

– Pues tú sabrás, porque con las altas temperaturas que hace, igual te pones peor de los síntomas. Si, bueno, mejor que lleves algo para leer, porque es posible que la fatiga que tumbe y tengas que estar acostada en la habitación todo el viaje….. ATREVIDA QUE ERES…..Buffff, y como se te inflame nuevamente el absceso allí, entonces sí que sí. Y yo no quiero recordártelo, pero por tu bien te lo digo, puede que la flojera y dolor de rodillas, con el estrés y la emoción, se intensifique y empeores. Vas a perder lo que llevas meses trabajando en rehabilitación…..De verdad, que a mí me parece que deberías de esperar a estar mejor. Yo lo digo por prudencia y por tu bien. Mira que si todo el esfuerzo de estos meses ahora por un viajito, lo echas a perder….No sé. Yo sólo digo que es posible que vayas a ir, creyendo que es una bonita experiencia y te pase factura. Sabes, María, porque yo quiero tu bien. Por eso, mejor en casa. Aquí tienes de todo, si te da un brote, al hospital, si te pones mala, vas al médico y tienes tu sofá. Puedes descansar con las continuas fatigas, porque te recuerdo que TIENES QUE ACOSTARTE 3 VECES AL DÍA…..

– ¡Callaaaaaaaaaaaa!

Me saturé. Fuerte charlatana. Me estaba volviendo loca. Me vi tragando saliva, con un nudo en el estómago. Todo empezó a parecerme un mundo. Un mundo hostil y peligroso. Es un riesgo sin necesidad, empecé a pensar.

La voz primera, quedó en el olvido, su sonido era tan débil, tan tenue, tan sutil, que sólo la pude escuchar en ese momento. Luego me ha sido muy difícil recuperar el recuerdo de cómo sonaba. Hago el esfuerzo, rebusco en mi memoria, me concentro para escuchar el eco de aquellas palabras. …

La primera voz me sedujo demasiado, me recordó lo bien que bailé en algún momento y sembró la semilla de las ganas en mí.

Estoy haciendo la maleta. Me asusta lo que dejo atrás, cada prenda u objeto que guardo en ella, es una pequeña armadura de protección. Cuando decido coger una y dejar otra, sé que estoy acertando en la misma medida que me estoy equivocando.

Mente rígida llena de “y si”. Flotan por todos lados. Se entremezclan en los sueños y los convierten en pesadillas. Tiñen las sonrisas de miedo. La calma por el agobio.

Mi maleta esclerótica pretende que me quede en casa al amparo de una falsa seguridad.

Mi maleta sana le hace frente y le advierte que me la llevo de viaje, quiera o no.

Duelo a muerte. Sólo hay sitio para una de ellas.

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