Jaque a la reina

 

Al final de la partida, peón y rey, vuelven a la misma caja”. Proverbio.

Esta historia transcurre en un tablero. Casillas que alternan entre el blanco y el negro. 64 escaques en total. 32 piezas al inicio de la partida.

Preliminares, movimientos estratégicos, jugadas redondas, tácticas. Poco a poco, se va mostrando el desarrollo de la batalla. Cuerpo a cuerpo, las fichas se enfrentan unas a otras. Algunas caen mientras otras avanzan. Todo es un baile. Rítmico y sensual baile. Nadie sale herido.

En un momento de la partida, el reloj se detiene. En ese instante, sólo una, se encuentra amenazada. Esta vez es real.

Escucho de lejos una voz ronca, una voz cascada por el paso de los años y por la mala vida, que me dice:

– Jaque a la reina.

No se altera, no le importa, no titubea, ni se muestra atormentado. A él no le preocupa. Total, sólo es una reina más.

Por mi cabeza pasan mil preguntas, me quedo bloqueada y aturdida.

¿Cómo llegué a este punto?

¿Dónde están los peones de confianza?, compañeros y amigos de juegos y batallas.

Mi caballo se ahogó en el pantano de la tristeza….¿en qué me he equivocado?

Llanto. Profundo llanto.

La mano del alfil. Él y yo íbamos de la mano, pero sus movimientos son diagonales. Nunca pudimos bailar al compás.

Y ahora, ¿qué hago para salir de aquí?, ¿qué movimiento me toca hacer?

El reloj sigue parado. Como detenida está mi vida. Respiración entrecortada. Mirada perdida.

En un tiempo atrás, el tablero estuvo lleno. Siempre me gustó ver el movimiento que había. Observar los toques entre unas y otras figuras, incluyendo los míos. De eso se trataba. De jugar la vida y de compartirla.

Ahora, paralizada, con los adoquines cuadrados bajos mis pies, me doy cuenta: la reina blanca se encuentra en peligro.

Busco cada rato la estrategia, el movimiento adecuado, la jugada correcta.

Me da miedo. Realmente me asusta esta realidad. Me asusta esta amenaza.

Sin embargo, no me paraliza. Estoy quieta en una etapa de reflexión. De encontrar la solución desde la calma.

Ohhh, torres. Mis preciadas y firmes torres. A ambos lados. Me resguardan del proyectil que la voz ronca me lanzó con tono amenazante.

Sé que cuando acabe la partida, como dice el proverbio, todos vamos a la misma caja- la morgue-, pero todavía estamos en este juego experimental.

Quiero salvar a la reina. Quiero salvarme a mí.

Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo. Calle 13.

Mientras Más Pasan Los Años Me Contradigo Cuando Pienso, 

El Tiempo No Me Mueve, Yo Me Muevo Con El Tiempo. 

Soy Las Ganas De Vivir, Las Ganas De Cruzar, 

Las Ganas De Conocer Lo Que Hay Después Del Mar. 

Yo Espero Que Mi Boca Nunca Se Calle, 

También Espero Que Las Turbinas De Este Avión Nunca Me Fallen. 

No Tengo Todo Calculado, Ni Mi Vida Resuelta, 

Sólo Tengo Una Sonrisa Y Espero Una De Vuelta” 

 

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