El pantano de la tristeza

Vamos Artax.
 ¿Qué te pasa? ¡Vamos!
 Sé buen chico. ¡Venga hombre! ¿Qué te pasa?
 Ya lo sé, es muy pesado este terreno para ti... y te cuesta.
 ¡ARTAX! ¡TE ESTÁS HUNDIENDO! ¡SAL DE AHÍ!
 ¡LA TRISTEZA! ¡TENEMOS QUE SEGUIR! ¡VENGA! ¡¡ARTAX!! ¡TIENES QUE LUCHAR CONTRA LA TRISTEZA!
 Artax, por favor, no dejes que la tristeza del pantano te llene el corazón.
 Yo te sostendré, no dejaré que te hundas, estoy aquí y eres mi amigo... Te quiero...
 ¡¡¡ARTAX!!!! ¡¡CABALLO CABEZOTA!!
 ¡¡Tienes que moverte o te hundirás del todo!! ¡Muévete por favor! ¡¡¡YO NO ME RINDO, LO VES!!! ¡¡NO TE RINDAS TU!!
 ¡¡ARTAX!! Por favor…”. La Historia interminable. Michael Ende. 1984.

Recuerdo ver esta escena y siempre me producía una terrible sensación de vacío. La tristeza me parecía un ente que devoraba sin piedad. Sucumbir ante ella, era un gran peligro.

Vi esta película, como todas las que me gustaban de pequeña, unas mil veces. Hay muchas metáforas, que ahora como adulta, me resultan impresionantes.

Hay días en que me siento Atreyu; con su propio dolor pero con esa fuerza, esa capacidad de luchar para animar a Artax, con valentía, con coraje, con arrojo para salir hacia adelante, luchando por él y por su fiel compañero. Luchando por los dos.

Otros días soy el caballo, que atrapada por la enorme tristeza del pantano, me voy hundiendo en las profundidades. En ese momento, cuando me identifico con Artax, la sensación de estar agotada, de no tener fuerzas para seguir avanzando, de sentir como la desolación va calando cada centímetro de todo mi ser, me puede. Me dejo hundir. Veo las burbujas alrededor de mi cuerpo, mostrando de una manera gráfica, que me estoy dejando. Aguas cenagosas que me atrapan.

Es así. A veces soy Atreyu, a veces soy Artax.

Y el pantano. El pantano por momentos, son cosas, por momentos, personas y otras veces, situaciones. Es difícil vivir al margen de los pantanos. Es imposible vivir al margen de la vida.

Pantano reflejado en espejos de manera infinita, reflejos de reflejos de reflejos. Pantanos que a veces también, soy yo.

Pero, ¡no me olvido! A veces soy Atreyu. Y esos a veces, son mágicos.

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