Acuarela

Cada día en mi vida es un lienzo en blanco. Paleta de colores y a darle forma.

No sé cómo me voy a encontrar al día siguiente, ni siquiera, unas horas más tarde.

A veces, queda una obra preciosa. Otras, se emborronan los colores y en lugar de algo bello, aparece una mancha, sin forma, oscura.

Los planes, en el día, según el cuerpo vaya acompañando y permitiendo.

Aún no me acostumbro. Mi cabeza todavía se ancla a planificar de hoy para mañana, a la próxima semana, o a concretar unas entradas para el grupo que viene dentro de 3 meses.

Y la experiencia de estos últimos 363 días, me trata de decir: momento a momento, María. Momento a momento.

A veces no me sale nada, el pincel se me cae de las manos, la pintura parece estar reseca, la mente se bloquea y el cuerpo se siente agotado. En ese instante miro el lienzo y si de allí no surge nada hermoso, me pinto yo. Y pinto mis sueños, pinto mis ojos, pinto mi casa. Miro mi imagen en alguna foto anterior y me recuerdo llena de vida y llena de colores.

Entonces pienso, si el óleo de hoy no es nuestro aliado, si el aceite se impregna en mi piel y no puedo moverme con soltura, si estos pigmentos no muestran lo que siento ahora, vamos a pintar con acuarela.

Cojo papel, más liviano, cojo agua para que diluya la pintura y con mis manos débiles hago movimientos sutiles. Dejo que fluya el color, la forma y el sentimiento, sin pensar cómo quedará.

Así es vivir con la EM como compañera. Todo momento a momento, sin expectativas mejor, con la aceptación de cambiar el rumbo si se tercia, con la posibilidad que hayan días que no se pueda ni empezar la obra, otros que el resultado no sea de mi agrado, o que los materiales previamente elegidos no sean válidos.

Vivir con la EM es todo un aprendizaje. Es un olvidar lo aprendido y comenzar a crear una nueva persona que entienda, tolere y acepte todas las gamas de colores.

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