La grieta

 

Haz sonar las campanas que todavía pueden repicar; olvídate de la ofrenda perfecta. … Hay una grieta, una grieta en todas las cosas, así es como entra la luz”. Leonard Cohen.

Y cada día, de estos últimos 356 días, intento mirar mis grietas como oportunidades para que la luz entre.

Y cada día, de estos últimos 356 días, me centro en las campanas que aún suenan, las que aún voltean y repican, las que todavía marcan la misa de las seis.

Pero a veces, mis cicatrices muestran la parte de mí que está rota. La que está ajada. La que irías a devolver a una tienda como material defectuoso o con taras.

Pero a veces, el tañer de las campanas me señala la hora de los difuntos. Esa que informa de la pérdida de un familiar o de un ser querido. Toque de luto y dolor.

Ese a veces es sólo un instante. Pero me parece eterno. Como si el tiempo se hubiera detenido en el momento de mi dolor y nadie le diera de nuevo al play. Estática, como inerte, pero muy viva y muy desgarrada.

El resto de a veces, dura más en el tiempo, en el que es medido por reloj. Y sin embargo, me resulta casi efímero.

– Por favor , por favor, que la cinta se detenga aquí. En este día, con esta luz, con esta sonrisa en mi rostro, con esta compañía, con este apoyo que me sostiene.

Sin embargo, siento que vuela, que se va, que ya no es.

Y vivo otro eterno instante de campanas que anuncian muerte, y grietas que gritan lo rota que estoy.

Deja que el a veces de hoy se marche con el cierre del día.

Mañana con el número 357 veremos luces entrando por la rendija y campanas que anuncian vísperas de festivos.

imagen de Mariano Peccinetti
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