Sueños imperdibles

Una vez, no hace tanto, tuve un sueño compartido. Formar una familia. Ser mamá.

Durante ese tiempo, yo sentía cosas nuevas en mi cuerpo.

Al finalizar el mes y comprobar, ante la evidencia, que no llegaba lo que queríamos, pensaba que me estaba sugestionando demasiado.

Tres meses con este juego de adivinanzas e ilusiones.

Al cuarto mes todo se nubló y llegó la tormenta.

Ha pasado más de un año desde que soñé por primera vez con la nueva vida. Desde que imaginé que algo podía crecer en mi interior. Desde que deseé experimentar aquello tan hermoso.

La historia dio un giro. Los planes cambiaron. En realidad, todo cambió. Poco queda de aquel escenario, de aquella obra. Ahora en el teatro se representa otra función.

No sé cómo será este final. Qué personajes trae, cuál es la trama, quién escribe el guión.

No sé si me tocará otro papel. Si podré cambiar la vestimenta y lucir, de una vez, otro vestido más bonito.

Lo que sí sé, es que mi sueño es imperdible. Permanece y no se esconde.

Como el sol, cuando en mitad de la lluvia, lucha por quedarse y aparece entonces un bello arcoiris.

Así es mi sueño. Imperdible.

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