María a través del espejo

Ella no ha caído sólo una vez.

Ella ha estado en un constante caer y levantarse.

Ella ha batallado durante toda su vida.

Ella no es una mujer con carácter de forma gratuita.

Ella se ha ido curtiendo.

Sus manos ajadas, de la lucha en el campo de batalla.

No sé con exactitud cuándo empezó la guerra. Pero algún día, de manera silenciosa, dio comienzo.

Era como tener un velo, nada era evidente.

Lo blanco era gris, lo negro era gris y lo gris, no existía lo gris.

Entonces, dudaba de todo.

¿Cómo fiarse de los colores que no muestran tonalidad?

En secreto vivía una terrible dualidad.

¿Cuándo era ella y cuándo era su armadura?

Manos ajadas y piel curtida. Ella en la batalla.

Tantas veces en el suelo. Las mismas y una más se levanta.

En su habitación, al caer la noche, lo más vulnerable de ella. Pocos la conocen en ese lugar.

Con la luz del día, se enfunda su armadura traslúcida. Nadie lo advierte.

Entonces ella se mira al espejo. Se da cuenta de su fortaleza. Pero también es conocedora de su dolor.

Ella es la única que entiende sus batallas silenciosas, la lucha transparente, las cicatrices escondidas. Son sus secretos.

A veces, los guarda tan bien, que ni ella misma es capaz de encontrarlos.

Pero cuando se mira al espejo, se encuentra frente a frente con ellos.

Y sabe jugar al escondite. Los mira, les pica un ojo y echa a correr.

Ella no ha caído sólo una vez.

Ella ha estado en un constante caer y levantarse.

Ella ha batallado durante toda su vida.

Tantas veces en el suelo. Las mismas y una más se levanta.

 

imagen de Edward Hopper
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