Efecto secundario

 

Abro los ojos y me voy al baño. En el camino me enfrento con el espejo. Me miro de soslayo y pienso:

Esa no soy yo.

Digan ustedes lo que quieran. Digan que no es para tanto. Digan que es pasajero.

Pero esa no soy yo.

No sé cuándo me comí a la cerdita Peggy. Sí, la de los Teleñecos. No sé cuándo sucedió pero desde luego, ESA NO SOY YO.

En el prospecto lo especifica como posible efecto adverso: Cara de luna llena.

Y me miro nuevamente. Esta vez con más detenimiento.

Tan asombrada como nerviosa.

Tan espantada como incrédula.

Tan resignada como valiente.

Con cierta risa burlona y jocosa, pero entristecida.

Me acerco al espejo. Sonrío. Me alejo y me miro de perfil. Me suelto el pelo, me lo ladeo. Siempre buscando la forma de reconocerme en esa imagen.

Seguramente prefiera observar con más minucia si mi cara mengua o crece. Si se llena o se vacía. Si tiene un tono dorado o blanquecino.

Seguramente sea más fácil de entender, de aceptar o de jugar con el dolor.

Seguramente necesite advertir estos detalles con precisión y no enfrentándome en carne viva a todo este proceso de cambio.

No sólo mi cara se hincha y se desfigura. Es una metáfora visual del proceso.

Es como un envejecer y cambiar por segundos.

Te acuestas de una manera y horas después, tu rostro marca otra expresión. Tus labios no se inclinan hacia los pómulos, pequeños y nuevos surcos de vida se muestran. Todo es diferente y sólo han pasado unas horas.

Es verdad. Las fases lunares son cíclicas. Como cíclica es mi existencia. Como cíclica es mi apariencia.

La lunación dura 29 días, 12 horas, 44 minutos y 3 segundos para completarse.

Yo espero que mi ciclo vital dure más.

imagen de Isabelle Martinez
Anuncios