Brote

-¡Ya vamos conociéndonos compañero. Ya me mandas señales más claras y yo las pillo con más rapidez!-.

Efectivamente, lo que llevo sintiendo unas semanas es un nuevo brote.

Tiene un nombre rimbombante que asusta con solo escucharlo: brote de disfunción troncular.

Lo que viene a decir es que mi gravedad cero, de la que hablé hace poco y mis ojos tristes, estaban en lo cierto.

Hoy mismo, el neurólogo ha hecho un informe para que lo traslade a mi unidad de referencia y que allí busquen una cita con urgencia para comenzar el tratamiento (pulsos de corticoides). En principio parece que será administrado en el hospital de día.

No quiero darle mucha bola al asunto de; otra vez vías para la medicación, otra vez hospital, otra vez brote. Voy a intentar darle la vuelta a la situación y recolocarme en el camino que estaba. Necesito calma y tranquilidad para afrontar esta múltiple traviesa.

Es cierto que los acontecimientos de los últimos meses han sembrado una semilla en mi SNC y ésta unida a la bajada de defensas del inmunosupresor, terminó por rebrotar en mi cuerpo. Tristemente, el brote no es de una hermosa flor. No. Estos brotes que salen así son de mala hierba. Roban el agua a los árboles frutales y dificultan su crecimiento.

Pues habrá que actuar. Como se hace con los rastrojos, se arrancan, se sacan de raíz, se almacenan todos juntos y se queman.

Vamos a ver qué me dicen mañana en el hospital y si me ayudan a recuperar pronto mi equilibrio y una visión más clara.

En esta oscuridad no me hallo, no me reconozco.

Necesito quitarme estas vendas que me impiden ver la luz.

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