Warhol vs. Courvet

 

Alteración de la sensibilidad. Ahora entiendo más y mejor mi universo sensitivo y las percepciones que tengo respecto al mundo exterior.

Los seres humanos percibimos las sensaciones de tacto, temperatura, dolor y presión a través de unos receptores microscópicos en la piel. Las terminaciones nerviosas, los receptores de todo el cuerpo y los órganos sensoriales, como los ojos, lo oídos y la piel perciben estímulos y los transmiten al cerebro a través de los nervios. Esta transmisión se realiza gracias a que los receptores transmiten una señal a través de los nervios sensitivos, hasta que llegan a la médula espinal. Desde la médula espinal, las señales nerviosas llegan a una estructura cerebral llamada tálamo.

El cerebro procesa la información sobre impresiones y sensaciones que recibe de los órganos sensoriales. Gracias a las conexiones del tálamo con el lóbulo parietal, en la corteza cerebral, podemos percibir estas señales nerviosas como sensaciones concretas: placer, frío, calor, vibración, dureza, rugosidad… Se distingue entre los estímulos mecánicos (por ejemplo, presión, vibración), la sensación térmica (termorrecepción), la sensación del del dolor (nocicepción) y la sensación del movimiento y la posición.

Los trastornos de la sensibilidad se manifiestan, por ejemplo, en forma de sensaciones erróneas desagradables (parestesias), de sensaciones intensificadas (hiperestesias), debilitadas (hipoestesias) o anuladas por completo (anestesias). Algunos trastornos sensitivos típicos son el hormigueo, el escozor, el picor , la sensación de dolor intensificada o el entumecimiento de partes del cuerpo”. (1) www.onmeda.es/sintomas/trastornos_sensibilidad.

Era raro.

Todo aquello era muy raro.

A veces sentía que me caían gotas pequeñitas, muy finas, casi imperceptibles.

Cuando estaba en la calle, sacaba el móvil y ponía la pantalla boca arriba para confirmar si llegaban realmente o era una sensación mía. Otra técnica que me ayudaba, era hacer lo mismo pero con las gafas de sol.

Si ponía la palma de la mano, el brazo o la pierna, habría jurado que llovía. Yo sentía gotitas mojándome. A veces parecían mini chispazos impactando en mi piel.

Nunca le presté atención a aquello. Un aspecto más que entraba dentro de mi saco de “rarezas”.

Otra particularidad era sentir un frío excesivo. Necesitaba llevar bastante abrigo “por si”.

Ir a cualquier lado, sin ropa suficiente, podía convertirse en una auténtico horror. Situación incómoda y desagradable. El frío me calaba y llegaba a hacerme la velada totalmente insoportable.

He llegado a salir, antes de empezar la película en el cine, para comprar calcetines por no aguantar la sensación en los pies. He estado en Londres con 5 pares puestos y no llegar a entrar en calor. Tengo en mi despacho del trabajo, además de estufa, una manta y abrigo de sobra. Escribir en el ordenador con guantes es complicado, pero más de una vez tuve que recurrir a esta estrategia.

Este gélida-característica de mí, ha sido motivo de guasa; estar exageradamente abrigada y seguir quejándome de no entrar en calor.

Nadie lo entendía. Yo no lo entendía.

Había estado viviendo 7 años en La Laguna, que era con diferencia mucho más fría y húmeda. Y esta sensación glacial era relativamente nueva.

Sacábamos bromas acerca de lo friolera que era. Nunca imaginé que tuviera relación con alguna enfermedad.

También, durante algún tiempo, tuve unos escalofríos extraños que me ponía los pelos de punta en una zona concreta. Casi siempre me ocurría en el brazo izquierdo. Era como un óvalo o un círculo de vellos erizados. Duraba unos minutos y desaparecía.

Llegué a sacar algunas fotos para ver si realmente se apreciaba a simple vista o era solo algo que yo sentía.

En esa ocasión (hace 2 años aproximadamente), aunque no quise darle mucha bola al asunto, llegué a creer que algún herpes estaba intentando anidar en mí.

Hoy doy voz a algunas de las rarezas que fui metiendo en mi saco de vergüenzas. Afortunadamente, con mi particular forma de reírme de mí misma, pude ir combinando ese saco también con cosas graciosas. Sin embargo, había una parte de mí que se sentía una tiquismiquis.

Ahora vienen a mi memoria, con menos carga, muchas anécdotas y situaciones. Esto me hace concluir que mi universo sensitivo se encuentra más cercano a Warhol y su psicodelia que a Courvet con su representación directa de la realidad.

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