Sin Gluten. Gracias

Cuando pude teclear en el buscador de Google las palabras esclerosis múltiple, sin que en cada letra se me hiciera el alma añicos, me dediqué a leer artículos día y noche. No buscaba el lamento ni la victimización. No. Mi interés se centraba en encontrar soluciones. Remedios. Mejoras. Alternativas.

Así, dio comienzo mi nuevo recetario.

Quien me conoce, sabe de mi aprecio por la comida sana. Hacía muchos años ya que llevaba una alimentación cuidadosa y a la que dedicaba especial atención.

Sin embargo, con estas lecturas, me acerqué mucho más a una visión holística y bajo la afirmación de Hipócrates “que el alimento sea tu medicina”, me pasé a lo ecológico.

La primera premisa fue “sin gluten, María”. Las harinas que venía comiendo desde tiempo atrás, eran fundamentalmente integrales y no refinadas. Pero tras documentarme, quise alejarme por completo del gluten.

Después de esa premisa, vinieron muchas otras. Todas con la misma rigidez con la que solía enfrentar las tareas, cualquiera que ésta fuera.

Mi despensa entera cambió. Sólo compraba fruta y verdura ecológica. La poca carne que comía, por supuesto también lo era. Panes y cereales de herbolario sin trigo, sin gluten, sin lácteos, sin azúcares añadidos. Frutos secos no envasados; comprados al peso. Aceites de primera presión en frío. …. y muchas más limitaciones y restricciones que llevadas al extremo, como estaba haciendo, dejaron de ser ecológicas para mi mente.

Ahora cuando lo veo con perspectiva, tengo claro que fue mi necesidad de agarrarme a un clavo ardiendo. Yo quería curarme de lo que tenía. Quería que todo quedara en un susto de unos meses. En una llamada de atención de mi cuerpo.

Buffff, cuando me cuestionaban mi férreo planteamiento sobre la alimentación, me enfadaba. Me dolía. Me ofendía que no me entendieran. Claro que echaba de menos salirme del plato, como tantas otras cosas que añoraba. Pero en mi silencio, creía que era mi viaje de regreso a la salud. Por eso tenía que ser totalmente perfecto. De no ser así, mi curación estaba en juego.

Me desgarraban los comentarios, seguramente porque sabía que mi salvación no dependía de eso. Al menos no solamente de eso.

Mi ánimo empezó a decaer. La mejora no estaba siendo tan rápida como yo fantaseaba. Tuve que enfrentarme con la realidad y aceptar que igual, el proceso iba a alargarse en el tiempo y que a lo mejor no me recuperaría al 100%.

Además, esa dureza e inflexibilidad con la que trataba de afrontar mi cura, se estaba convirtiendo en mi enfermedad.

Me fui suavizando con la alimentación y aunque sigo dándole un trato especial, estoy aprendiendo a dejarme llevar más.

Entendiendo que por muy bien que me alimente, si no dejo de ser tan crítica o exigente conmigo, me estoy mal alimentando las emociones.

Que si un día decido desayunar pan con mantequilla como homenaje, es un acto de amor hacia mí misma, porque me apetece comerlo.

Estoy aprendiendo, en definitiva, a ser más tolerante conmigo. Eso es lo más ecológico que puedo hacer por mí. Alimentarme de buenos pensamientos. Lindas emociones. Sentimientos puros. Palabras amables.

Sin gluten. Gracias. Pero con amor hacia mi.

En el apartado de Enlaces de EM, hay varios link de alimentación. Yo sigo llevando las pautas, pero con otra actitud.

Anuncios