Sin orden

 

Resumen de la semana: yo me convierto en una marioneta y los médicos, casi a visita por día, mueven mis hilos a su antojo.

– Camina en línea recta. Ahora date la vuelta y vuelve a caminar.

– Ahora de puntillas.

– De talones.

– Sigue con la mirada a mi dedo.

– Mira a la luz. Síguela.

– Siéntate en la camilla.

– Haz fuerza con tus manos. Aprieta las mías.

– Tira con fuerza de mis brazos.

– Toca la nariz con ambas manos. Primero ojos abiertos. Luego ojos cerrados.

– Ahora acuéstate.

– Empuja las rodillas hacia arriba.

– Haz fuerza hacia mí.

– ¿ Sientes esto aquí?¿ y aquí? ¿por aquí también?

– Aguanta en esta postura. Aguanta, aguanta.

– Arriba otra vez. Coloca los brazos paralelos al suelo.

– Ahora con los ojos cerrados.

– ¿Sientes igual aquí que aquí?

– Junta las piernas. Déjate caer mientras te empujo.

– Ahora pon resistencia.

Con el avance de las peticiones, fui notando que mi coordinación y mi fuerza había decaído notablemente respecto a la última revisión. En ese momento, a mi ánimo le dio por acompañarlos a esa decadencia.

No era consciente de ese retroceso. Son pequeños ejercicios que una no se pone a practicar en casa. Por norma no me traslado de un lugar a otro de puntillas, ni levanto mis brazos y los dejo quietos con los ojos cerrados y mucho menos compruebo si toco mi nariz con el dedo índice de una y otra mano.

Sin que él se pronunciara aún, un nudo se fue haciendo en mi garganta al comprobar esa torpeza ya conocida.

En varias de de las pruebas, no había sido capaz de dar dos pasos seguidos, sin agarrarme de la mesa, silla, pared o camilla de aquel despacho.

El médico dijo en voz alta a la residente que tomaba notas y me observaba en este periplo: Ataxia.

Ataxia del griego a- que significa “sin” y taxiā que significa “orden”

“Trastorno caracterizado por la disminución de la capacidad de coordinar los movimientos”.

¡Vaya!, ayer desorientada. Hoy además sin orden y descoordinada.

Bueno, este nuevo apellido y algún otro que me han acuñado, me vuelven a recordar la importancia de dedicarme más tiempo a mí.

Desde finales de diciembre, estaba a la espera de que me volvieran a llamar y retomar la rehabilitación que el propio neurólogo del mismo hospital me pautaba. En la espera han pasado 2 meses.

Mi equilibrio y coordinación no entienden de burocracia.

¡Vuelvo a la rehabilitación! ¡Vuelvo al orden!

imagen de Mariana Britto

 

 

 

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