Nubes de algodón

El circo no pisaba mucho nuestras islas.

Pocas veces fui. Ahora lo agradezco; es una esclavitud y maltrato animal.

Comía nubes de algodón y miraba absorta las funciones.

Tendría 4 años, quizás 5.

Pidieron un voluntario o voluntaria para salir al escenario. Yo levanté la mano. Me escogieron.

Alrededor de mi cuello, colocaron una serpiente, al parecer más grande que yo.

No sentí miedo. Lo sé con certeza.

Más de 30 años después, vuelvo a levantar la mano. Otra vez soy voluntaria. Me cogen. La serpiente se me enrosca de nuevo. También es de gran tamaño. Pero no más que yo. Esta vez no.

Ahora sí he pasado miedo. Mucho además. He llegado a sentir que me faltaba el aire.

Ya no como nubes de algodón. Ahora camino sobre ellas. Flotando. Así lo sienten mis piernas.

Solo es parte del espectáculo, María. En algún momento la función termina.

Por fin abrirán las jaulas de esos pobres y maltrechos animales.

Y juntos gritaremos:

– ¡LIBERTAD!

 

imagen de Julie de Waroquier
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