Jugadora de Póker

No me gustan las apuestas.

Jamás aposté, ni siquiera cuando la edad me acompañaba para decirlo, porfiando a alguna amiga.

– ¿Qué te apuestas a que esta semana nos cae el examen de mates?

– ¿Apostamos que hoy tu madre no te deja quedarte en mi casa?

No, yo no lo hice.

No me gustan las apuestas. Sin embargo, me han dicho que soy buena jugadora de Póker.

Leí un artículo y concluía en que estas 10 características son fundamentales para tener éxito en el juego. Ser disciplinada, enfocada, preparada, sin miedo, agresiva, ambiciosa, adaptable, paciente, alegre y con buen control de emociones. Resuenan conmigo, sí. Esta última me parece importante destacarla, porque en ella me reconozco aún más:

Un buen jugador de póker de éxito sabe que tiene que mantener sus emociones bajo control. Las señales externas de estrés o preocupación darán la alarma a tus enemigos de que no cuentas con una mano estelar. Mantente calmado y sereno para evitar dar cualquier señal. Controla cualquier muestra emocional de tus cartas, y terminarás controlando el juego”.

Sí que tuve muy presente controlar la expresión de lo que sentía. En este sentido, las cartas han representado mi vida. No quería que nadie se diera cuenta de si la mano que me tocaba era buena o no. Las cartas malas tenían que ser tapadas, escondidas, disimuladas.

Sí, es cierto. Puede que haya funcionado como una buena jugadora.

Se acabó.

Ya no tengo nada que ocultar. He visto la mano que me ha tocado, he observado su reflejo en el espejo y acepto lo que hay. He girado la baraja hacia el resto de jugadores y muestro los naipes sin pudor.

Empiezo a sentir cierto orgullo y alegría por cómo he decidido afrontar la partida.

Es verdad, alguna carta está un poco estropeada, arrugada o descolorida. Pero la baraja tiene muchas más y en ellas voy a enfocarme. Sobre todo, redirigirme a las que más valoro: las de corazones.  Mis afectos. 

Y cuando esté cansada y rendida, siempre podré escoger la opción del comodín. 

imagen de Elmo Hood
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