La echo tanto de menos

Claro que la echo de menos. Claro.

Echo de menos salir una noche, sin mirar reloj, con los tacones puestos y a comerme el mundo con los labios rojos….
Claro que me apetece bailar, bailar como antes, como una loca, con o sin ritmo, con o sin música….
Claro que tengo miles de recuerdos y anhelos; mis conciertos, mis cervecitas, mis mojitos……
Claro que se me desgarra algo por dentro; recuerdo llegar a casa, con varias copas de más, recuerdo reírme a carcajadas por saberme en ese estado, recuerdo tirarme por el suelo para retozar con Pelusa…. También recuerdo los dolores de cabeza del día después…
Claro que la echo de menos. Claro.
Ahora todo se ha convertido en una rutina gris en la que todo tiene que estar medido en tiempo, en hora. La hora de la rehabilitación, de la piscina, la hora de descansar, la hora de la medicación, los pinchazos, las analíticas, citas con el neurólogo, el médico de cabecera, la mutua, la fisio, el médico rehabilitador. Pronto volverá la punción lumbar, resonancias magnéticas….Gris. Muy gris.
Ahora tengo que medir mi energía, mis fuerzas, medir los pasos que doy, las cosas que hago, los zapatos que llevo. Planificar todo; si allí podré sentarme o no. Si allí el ruido me podrá sobrepasar y aturdirme, si la gente sin darse cuenta hará que pierda el equilibrio….

Y entonces me acuerdo de aquella María; la bromista, la juguetona, la payasa, la alegre, la entusiasta, la chillona, la lokilla, la que con todo lo negativo que podía tener, también sabía sonreír… y la echo de menos… la echo tanto de menos.

La múltiple María.

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