Falta de aire. Sensación de ahogo

Creo que intentar explicar lo que se siente cuando te dan un diagnóstico, es como tratar de hablar en un idioma desconocido a otra persona. Genera impotencia en mí y perplejidad en el otro u otra.
Esta sensación se establece durante tiempo y va variando en intensidad y percepciones.
Además como se me ve entera y capeando bien la situación, es posible que se pierda de vista lo que realmente ocurre y lo que estoy asumiendo.
Y me doy cuenta quién estuvo y quién está; cómo nos quedamos absortos admirando nuestros ombligos y nos olvidamos de lo sucedido.
Yo no me olvido.
No puedo, aún me pesa demasiado. Aún está removiéndome por dentro y destruyendo todo lo conocido para mí. Aquel terreno construído, mal construído, aquel era el mío. El que yo habitaba. Y se derrumba todo. Como no me ves desgarrada en llantos, como me ves con mi sonrisa- mueca, todo está bien.
Y te permites sentir ofensa porque no miré tu ombligo. Aquel que goza de salud, aquel que si quiere puede bailar un rato. Aquel que al mirarse al espejo, sigue estando igual o parecido a ayer.
Déjame gritar porque lo necesito. Déjame decirte que me duele hoy (y mañana quizás) mi ombligo, porque se ha puesto malito y me está jodiendo un poco. Déjame quejarme a mi manera, no es la tuya, es la mía. No, no me vas a ver en un sillón llorando y abatida. No, esa no soy yo. Pero sí me estoy quejando. A mi manera estoy gritando mi dolor, mi tristeza y mi enfado. Perdona si no he podido estar pendiente de tu ombligo.

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