Dolor

También me permito estar enfadada. Y no es cuestionable.
Es una putada lo que me ha pasado.
Es un dolor indescriptible y aún siendo fuerte y positiva, me veo en el derecho de sentirme hundida; de ver límites y que éstos sean transparentes.
De sentir envidia de los que se quejan de estupideces y lo hacen con una caña en la mano y con las New Balance puestas para echarse una carrera luego (hasta hace unos meses, yo misma).
De vomitar improperios al aire pero bien cerquita de tu oído para que sepas cómo me siento.
De creer que no hay puente; que la vida pretenda que llegue de un extremo al otro sin ponerme arnés para saltar con las cuerdas.
¡Coño, déjenme sentirme así porque así también me siento!
Y quizás sea en este momento donde encuentre mis propias muletas.
Y no, no acepto eso de:
-No es para tanto mujer.
Eso no ayuda para nada. Quitar importancia a lo que estoy viviendo, es quitar importancia a mi dolor. Y en este momento, mi dolor también soy yo. O bien lo conoces, lo aceptas y lo acompañas, o es como no aceptarme y entenderme a mí.
Siempre he sido sensible, quién me conoce lo sabe. Pues eso. Sigo siéndolo. Ahora además, con una gran tristeza dentro.
Lo dicho:
También me permito estar enfadada.

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